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Javi, esto no es lo que parece

Mar y Javi se reencuentran con su ex en la cola de aduanas de Everus Harbor, reviviendo celos y química vieja.

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El agente de seguridad revisa el documento de la mujer frente a ella, desliza los dedos sobre la pantalla holográfica y le devuelve la tarjeta. La mujer se ajusta el escote del traje negro ajustado antes de avanzar.

Mar mira hacia otro lado, fija en su ex. Javi está junto a la consola de entrada, discutiendo algo con elle. La cola avanza. El hombre en frente de Mar tropieza y casi choca con él. Mar no se mueve. No aparta los ojos del ex y su pareja.

—¿Qué pasa? —pregunta el hombre. Mar lo ignora. Mueve la cabeza sin decir palabra. Mira al frente otra vez.

Javi señala algo en pantalla, riendo por lo bajo. El ex apoya una mano sobre su hombro. Los dedos de Javi se deslizan sobre los de él. No se tocan mucho más. Pero no hacen falta. Mar siente el aire frío de Everus Harbor en la nuca y maldice entre dientes.

El agente llama al hombre delante de ella, que avanza sin volver a mirar atrás. El silencio pesa como plomo entre Mar y su ex.

Mar mantiene la vista fija al frente, evitando mirar a Javi ni al ex, cuyo nombre se resiste a nombrar. El hombre, con traje impoluto y sonrisa afilada, apoya una mano en el hombro de Javi.

—Qué casualidad —dice, voz untuosa—. No sabía que seguíais en contacto.

Javi se ajusta la chaqueta, incómodo bajo esa mano.

Mar siente el peso de la situación. El ex huele igual: loción caro y arrogancia barata. Un olor que le revuelve las tripas.

El ex acerca el cuerpo a Javi, demasiado cerca. Mar nota el brazo de su amigo tensarse.

—Nos vimos en Lorville —contesta Javi, escueto—. Negocios pendientes.

El hombre no retira la mano.

—Ya veo —dice, mirando a Mar por fin—. Sigues igual de callada.

La cola avanza. Nadie más habla.

El ex de Mar ajustó el cinturón de su chaqueta, un gesto que Javi reconoció al instante como nerviosismo disfrazado. La cola avanzaba lento, las pantallas holográficas parpadeaban con información de aduanas mientras los viajeros murmuraban alrededor. Javi carraspeó, buscando romper la tensión.

—Bueno, qué casualidad encontrarnos aquí —dijo elle, forzando una sonrisa que no llegó a los ojos.

Mar guardó silencio, mirando fijamente al ex como si tratara de descifrar algo en su postura. El aire entre ellos vibraba con algo no dicho, cargado de recuerdos que ninguno de los tres quería tocar.

—A ver si nos tocan juntos en el mismo mostrador —comentó Javi, intentando aligerar el ambiente mientras señalaba las cabinas de aduanas—. Así podemos ponernos al día.

El ex asintió, pero sus ojos no se apartaban de Mar. La chaqueta de cuero del hombre rozó brevemente la manga de Mar, un contacto accidental que pareció electrificar el espacio entre ellos. Javi notó cómo Mar se tensaba, pero no se alejaba. En su lugar, dejó que ese roce persistiera un segundo más.

—Oye —intervino ella finalmente—, ¿y qué tal te ha tratado Stanton desde la última vez?

Su tono era casual, pero Javi conocía esa voz: el doble sentido flotaba ahí, suave pero inconfundible. El ex sonrió, como si hubiera escuchado exactamente lo que no se dijo.

—Bueno, ya sabes cómo es esto —respondió él, dejando caer las palabras con deliberación—. Siempre hay sorpresas.

La cola avanzó un paso más. Alguien detrás de ellos suspiró con impaciencia, rompiendo el momento. Javi respiró hondo, sintiendo que el suelo bajo sus pies se movía en direcciones distintas para cada uno de ellos.

La cola avanzó lentamente. Mar mantenía los ojos fijos en el escáner de seguridad frente a elle, evitando mirar al ex de Javi. La tensión se extendía entre los tres como un campo de fuerza. El camarero que acompañaba al ex, alguien más de su pasado, observaba la escena con una sonrisa pícara.

—Esto no es lo que parece —murmuró Javi, rompiendo el silencio incómodo.

El ex rió, pero sin alegría. —Nunca lo es contigo, ¿verdad?

Mar apretó los puños dentro de los bolsillos del mono de vuelo. La química entre ellos seguía ahí, electrificando cada palabra no dicha. El camarero carraspeó.

—Creo que deberían resolver esto antes de que algo estalle —dijo, señalando el ambiente cargado.

Javi miró a Mar, luego al ex y finalmente al camarero. —Quizás tengas razón.

Un silencio pesado llenó el espacio entre ellos. El escáner pitó, indicando que era su turno. Sin decir nada, Mar avanzó hacia la máquina. Javi lo siguió de cerca, dejando atrás a los otros dos.

Con un gesto rápido y práctico, Mar ajustó el cuello del mono de vuelo antes de pasar por el escáner.

La estacion orbital Everus Harbor, sobre Hurston

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