// el blog del bar

El volumen nos superó

Nerea y Chen intentan confesar sus sentimientos en el mirador de Orison mientras una horda de turistas y un sistema de megafonía arruinan el momento romántico.

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El olor a perfume caro y rancio de la terraza de Orison golpeaba las fosas nasales con una insistencia asfixiante. El aire en la ciudad de nubes tenía esa densidad húmeda que solo el dinero podía filtrar, dejando un rastro metálico tras de sí. Nerea apretó el cristal de la copa, sintiendo las estrías talladas en el cristal contra sus dedos. El líquido dorado dentro de la copa bailaba con cada movimiento brusco del suelo, que vibraba por el paso de un grupo de turistas que se amontonaban cerca de la barandilla.

—Si seguimos bebiendo esto, vamos a necesitar un crédito médico para el hígado —dijo Chen.

Chen le dio un sorbo largo a su bebida, dejando escapar una gota sobre su barbilla. Nerea se pasó la mano por el pelo, apartando un mechón rebelde.

—Es una inversión en salud mental, Chen —replicó ella—. Es mejor que beber agua en un bar de mala muerte en Lorville.

Nerea recordó el olor a aceite quemado y rancio del hangar de su vieja nave, un contraste brutal con la sofisticación de Crusader. El turista a su lado soltó un grito de entusiasmo al ver caer una ráfaga de nubes bajas sobre el horizonte.

—¡Míralo! ¡Es increíble! —gritó el hombre, levantando un pesado dron de grabación.

—¡Atención a todos los visitantes! —rugió el altavoz del recinto, haciendo que la mesa vibrara.

La copa de Nerea casi se vuelca. El anuncio sobre el cambio de turnos en la zona de ventas rompió el aire con un estruendo galopante. Chen se tapó los oídos, encogiéndose sobre la mesa mientras el ruido rebotaba en las paredes de cristal.

El cristal de la copa de Chen chocó contra el borde de mármol. El turista a su lado, un tipo con una cámara profesional colgando del cuello, se acercó demasiado para captar el horizonte de nubes de Orison. Chen aprovechó que el hombre se giraba para sacudirse el polvo del hompaque y se inclinó hacia Nerea.

—Oye, ¿te gustaría ir a cenar algo que no sea de cristalina en Lorville el viernes? —soltó Chen con la voz apenas por encima del zumbido de los drones turísticos.

Nerea dejó el vaso en la mesa y le dio un empujón amistoso en el brazo.

—¿Me estás pidiendo una cita oficial? —preguntó ella mientras un grupo de niños corría por la barandilla cercana.

—Es una cita de alta alcurnia —replicó Chen, señalando el horizonte—. Con maridaje y sin gente que grite por los megáfonos.

—¡ATENCIÓN, TURISTAS! —tronó una voz distorsionada por los altavoces de la plaza central.

El estruendo hizo que el cristal de Nerea vibrara sobre la mesa y un repartidor tropezó con una silla, derramando una jarra de agua sobre el pantalón de un turista. El hombre soltó un peguezque y empezó a agitar los brazos hacia el cielo.

—¡Es el momento perfecto! —gritó Nerea sobre el bullicio, levantando su copa hacia Chen.

—¿Quieres ir a cenar conmigo fuera de este planeta? —balbuceó Chen, apretando el tallo de la copa hasta que sus nudillos blanquearon.

Nerea se acercó, recortando la distancia entre las dos sillas de mimbre. El sol de Orison bañaba el horizonte con un matiz dorado que hacía brillar el borde del vaso de cristal.

—Por supuesto que sí —respondió ella, rompiendo la tensión con un gesto enérgico de la cabeza.

En ese instante, una voz estridente brotó de los altavoces situados en la estructura central del mirador.

—¡Nuevas oportunidades de inversión en el sector residencial de Crusader! ¡Lujo sin límites!

El estruendo fue tan potente que la vibración hizo saltar el líquido de las copas. Un grupo de turistas cercanos dio un respingo colectivo y comenzó a agitar los brazos, gritando sobre el precio por metro cuadrado de las nuevas torres. La ráfaga de sonido obligó a la gente a ponerse en pie, provocando un empujón en cadena.

—¡Es una oferta increíble! —gritó un hombre con una chaqueta de marca, señalando el horizonte.

El empujón alcanzó la mesa y un camarero pasó con una bandeja cargada de canapés, derribando uno justo al lado del plato de Nerea. El hombre se acercó con prisa, tropezando con una silla.

—¡Lo siento mucho! —gritó el camarero mientras intentaba equilibrar una ración de brochetas.

Chen se puso en pie rápidamente, agarrando el brazo de Nerea para que no perdieran el equilibrio con la marea humana.

—¡Sube el volumen de mi vida! —exclamó Chen por encima del ruido del anuncio.

El estruendo del megáfono por el nuevo bloque de apartamentos en Orison retumbó en las copas de cristal. El anuncio sobre la plusvalía de los nuevos apartamentos en el sector comercial eclipsó por completo las palabras de Chen. El turista que estaba justo al lado, un hombre corpulento con una camiseta de la bandera de turquesa, se llevó una mano a la oreja y empezó a gritarle al aire.

—¡Es para el sector norte! —gritó el hombre, golpeando su propia copa.

Nerea se tapó los oídos con las manos mientras el eco de la publicidad sobre el desarrollo inmobiliario seguía retumbando en los muros de cristal. La música ambiental de la terraza se detuvo por un segundo antes de reanudarse con una melodía chillona.

—¿Me has dicho que quieres ir a cenar o es el precio del suelo de Crusader? —gritó Nerea por encima del ruido, pegando su cuerpo al de Chen.

Chen dio un paso hacia adelante y agarró el brazo de Nerea con firmeza, apartándola del grupo de turistas que se agolpaba cerca.

—He dicho que quiero ir a cenar contigo —sentenció Chen con un gesto rápido de cabeza—. Sin gritos, sin anuncios públicos y sin el precio del suelo.

Nerea soltó una carcajada que le hizo escupir un poco de su bebida cara sobre el plato. Agarró la mano de Chen y tiró hacia la salida de la terraza.

—Vale, acepto. Pero si hay más anuncios sobre el precio del suelo, te pido la cuenta.

Salieron a la calle principal de Orison, donde el aire olía a ozono y a comida procesada. Nerea se apartó hacia un callejón lateral, lejos de la multitud que seguía mirando hacia el horizonte de nubes.

—A por la cena entonces —dijo Nerea, dando un paso hacia adelante.

—Ustedes lo han dicho primero —respondió Chen.

El planeta Crusader visto desde la luna Daymar

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