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Es una estafa, pero tú te ves mejor con ella

Dos desconocidos se unen en una emboscada de ingenio para arrebatarle a un vendedor deshonesto una pieza robada en el corazón de New Babbage.

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El camarero deja un plato de raciones sintéticas sobre la mesa de metal, golpeando el borde con fuerza para que la base no se deslice. Se retira de un manotazo, esquivando a un grupo de mineros que se amontonan frente al puesto de repuestos.

Trini extiende la mano sobre el mostrador, rozando las estrías de una unidad de propulsión. El metal está frío y el acabado es demasiado pulido, casi plástico.

—Es una falsificación de serie baja —dice Trini, señalando el puerto de conexión con un dedo firme—. La soldadura no coincide con los estándares de una Cutlass Black.

El vendedor, un tipo corpulento que suda a pesar del frío artificial de MicroTech, aprieta los dientes y se inclina hacia adelante.

—Es original, pieza de desguace de alta calidad. El precio es un regalo por el transporte hasta la plaza nevada.

Sol da un paso adelante, empujando al vendedor hacia atrás con el hombro. Mira el motor y luego al hombre.

—Si es tan buena, ¿por qué lleva la marca de una nave civil de carga? —soliona Sol, señalando un grabado borroso en la base.

El vendedor balbucea y busca una respuesta, pero Trini le corta el paso.

—Te voy a dar una oferta mejor, pero te va a doler en la cartera —dice Trini con un tono gélido.

Sol le guiña un ojo a Trini y acerca su mano a la cintura del hombre, metiendo el pulgar en un bolsillo abierto. El vendedor retrocede de golpe, perdiendo el equilibrio sobre su puesto.

—Es una estafa, pero tú te ves mejor con ella —dice Sol, levantando la pieza por encima de la cabeza como si fuera un trofeo.

El vendedor grita, pero Trini saca una moneda de crédito y la lanza contra el mostrador, haciendo que retumbe.

—Retira esa basura de mi vista antes de que la ponga en tu cabeza.

El vendedor desliza el dedo por la carcasa de la unidad de propulsión, ocultando con una maniocha vieja las soldaduras mal hechas en la base.

—Es tecnología de punta para motores de alta gama, un precio de ganga por la rareza —dice el hombre, estirando la mano.

Sol da un paso adelante y golpea con el nudillo la superficie metálica justo sobre la unión defectuosa. El sonido resuena seco, revelando una grieta en el revestimiento del chasis.

—Esa soldadura es de chapuza, no aguanta ni una maniobra en el espacio de MicroTech —dice Sol con tono gélido.

El vendedor retrocede un centímetro, frunciendo el ceño mientras intenta tapar la marca con una placa de protección.

—Es estética, solo para el valor visual —balbucea.

Trini suelta una carcajada que atrae la atención de un grupo de mineros cercanos. Le da una palmada en el hombro a Sol y luego señala con un gesto exagerado la unidad.

—¿Estética? Pues tiene más grietas que una red de transporte en mal estado. O me das un precio de chatarra o nos vamos a buscar una que no explote en el primer salto.

El mercader busca en su caja de herramientas un taladro portátil, pero Trini le quita el objeto antes de que pueda usarlo. El hombre se queda con las manos en alto mientras la gente alrededor empieza a señalar y murmurar.

—Te estás tomando un atracada de manual, colega —dice Trini, lanzando una moneda al aire.

Sol le quita la moneda y la lanza de vuelta con un gesto elegante. El vendedor, acorralado por las miradas burlonas del mercado, baja la cabeza y reduce el precio a una cifra ridículaamente baja.

—Trato hecho —sentencia Sol—. Es nuestra.

Se alejan por el pasillo apretado de la plaza, apartando a un repartidor que intenta cruzar con una caja de suministros. La gente se amontona alrededor, pero ellos avanzan con paso firme.

Título: Es una estafa, pero tú te ves mejor con ella

El comerciante de New Babbage golpea el mostrador de metal con un dedo sucio. La unidad de propulsión emite un zumbido agudo bajo la luz blanca y fría de la plaza.

—Es tecnología de punta, solo para ustedes —dice el hombre con una mueca de falsa seriedad.

Sol desliza la mano por la superficie rugosa del motor y se acerca al puesto, señalando un panel de control quemado.

—Me parece que el núcleo térmico tiene microfisuras por sobrecalentamiento en el ciclo de combustión —dice Sol, elevando la voz para que los puestos vecinos escuchen—. Sería una pieza de desecho en un hangar de desguace.

El vendedor retrocede un paso, perdiendo la compostura. Trini se cruza de brazos y señala el sensor lateral con un dedo firme.

—Además, la firma energética no coincide con los estándares de Lorville. Si la instalamos, quemaremos el núcleo en menos de diez minutos. Es una estafa obvia.

El hombre balbucea, mirando a la multitud que empieza a curiosear el escándalo. Trini saca una moneda de crédito y la lanza al aire, atrapándola con un movimiento seco.

—Me la das por tres créditos o te cuento lo que sé sobre las inspecciones de seguridad en MicroTech.

El comerciante agarra la moneda con una rapidez nerviosa y empuja el motor hacia Trini. Sol da un golpe de puño en el aire y ríe por primera vez.

—¡Golpe de maestro! —exclama Sol mientras agarra la pieza—. Es nuestra.

Trini le da un empujón amistoso en el hombro y ríe de nuevo. Le quitan la unidad al vendedor, quien se queda con la cara roja como un tomate de nieve.

—Vámonos antes de que llame a la guardia —dice Trini, cargando el motor en el carrito.

Se alejan por la plaza nevada, esquivando a los turistas que se detienen ante el espectáculo.

El vendedor golpea la mesa con el puño al ver cómo Trini le arroja un fajo de créditos delante del sensor de la unidad de propulsión. El tipo retrocede, pálido, mientras el objeto queda en manos de Sol entre las ráfagas de nieve de New Babbage.

—Es un precio de chatarra, pero me lo quedo —dice Sol, levantando la pieza por encima de la cabeza.

El mercader intenta protestar, pero Trini le planta una mano en el pecho.

—Es un regalo por el buen trato que le has dado a mi acompañante en esta helada plaza.

La multitud de la plaza nevada se detiene un instante para observar el espectáculo antes de que el vendedor, humillado por la maniobra, haga un gesto de derrota y se retire hacia su puesto. Sol nota el cambio en el ambiente y lanza la cabeza hacia atrás, dejando que un copo de nieve se derrita sobre su piel.

—Le hemos robado el sustento con estilo —dice Trini, acercándose hasta que sus hombros se tocan.

El calor corporal de Sol es un contraste violento contra el frío gélido de MicroTech. En medio del bullicio, Trini desliza una mano por la nuca de Sol, enredando los dedos en su cabello corto. Sus labios buscan el lóbulo de la oreja de Sol, esa zona que siempre arde cuando están cerca. Es un contacto eléctrico, una caricia cargada de ganas que ignora el ruido de los motores aledaños. Sol se inclina hacia atrás, buscando más contacto, presionando su cuerpo contra el de Trini con una urgencia que solo ellos comprenden.

—Vamos a quemar unos créditos en comida antes de dormir —sentencia Sol—. Tú pagas el banquete porque has sido la mente maestra.

—Hecho —responde Trini, sujetando el asa de la unidad de propulsión.

Vista panorámica de las instalaciones de microTech

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